domingo, 14 de diciembre de 2014

Las lentillas no se pueden llevar toda la vida



Según los últimos datos registrados en España, más de 1.280.000 personas han abandonado el uso de las lentes de contacto. Y la causa principal de abandono es la incomodidad y la molestia que le provocaban sus lentes de contacto.

Existe en la conciencia popular un pensamiento negativo hacia las lentillas. Piensan, erróneamente, que son un producto negativo para la salud ocular y que, por tanto, terminan produciendo algún tipo de daño que imposibilita el uso de las lentes de contacto tarde o temprano.

El pensamiento anterior viene reforzado por los consejos de los contactólogos, siempre intentando limitar el número de horas de uso de sus pacientes y atemorizándolos con posibles problemas oculares.

En el siguiente artículo vamos a desmontar este falso mito sobre las lentillas y dar unos consejos básicos con los que poder usar lentes de contacto durante toda la vida de forma cómoda y saludable para nuestro ojo. ¿Quieres usar lentillas toda tu vida?


Una de las frases que más me gustan y aplico diariamente es la siguiente:

No existe una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”.

Aplicado al mundo de la contactología significaría que sólo una correcta adaptación de lentes de contacto puede hacer que no tengamos un cliente proclive al abandono. Según varios estudios, hasta un 21% de los abandonos se producen durante el primer mes de uso de las lentes de contacto.

El dato es bastante lógico y se demuestra diariamente en la práctica clínica. Si una persona no es adiestrada correctamente en el método de poner y quitar lentillas, no se logra adaptar una lentilla cómoda para su ojo y/o no obtiene una buena visión con lentes de contacto el abandono, tarde o temprano, está asegurado.

¿Como podemos minimizar los contactólogos estos problemas? Realizando una correcta adaptación de lentes de contacto y dándole la mayor de las importancias. Pongamos unos ejemplos prácticos:

-         Todos sabemos que las lentillas, cuando se utilizan por primera vez, tienen una inserción molesta. El ojo nota que tiene un cuerpo extraño en el ojo y reacciona con enrojecimiento y lagrimeo. Igualmente sabemos que esta sintomatología se pasa al cabo de unos minutos, justo cuando el ojo descubre que la lentilla no supone ninguna amenaza. Si sabemos todo eso, comentémoslo antes de iniciar una adaptación. Nuestros pacientes se sentirán más seguros si saben previamente lo que les pasará. Además, como la imaginación es exagerada por naturaleza, los efectos reales siempre serán menores que los imaginados, por lo que tendremos otro punto a nuestro favor.

-         Aunque existen casos de incomodidad con las lentes de contacto los primeros días, lo más habitual es que a los diez minutos te olvides que las llevas puestas. Por tanto, animemos al cliente a olvidarse de ellas. En cuanto piense en otra cosa dejará que las lentillas hagan su trabajo invisible.

-         Una buena medida para adaptarse mejor a las lentillas es realizar una adaptación a éstas progresivas. Por ello, muchos contactólogos comienzan limitando el número de horas de sus pacientes los primeros días. Un buen método es comenzar el primer día con una hora y subir los días siguientes a cuatro y ocho horas.

-         Aunque en general las lentillas suelen proporcionar una mejor visión que las gafas (caso de los miopes principalmente), existen casos concretos, como ciertos astigmatismos, que pueden tener una visión fluctuante. En estos casos debemos advertir, a priori, de tal efecto al cliente y hacerle sopesar si esas pequeñas molestias inclinarían la balanza lo suficiente como para olvidarse del resto de mejoras que le proporcionan (independencia de las gafas, visión más natural, amplitud de campo visual…).

-         Respecto a la manipulación de las lentes de contacto cada persona es un mundo. Por ello, como contactólogos, debemos adaptarnos a nuestros pacientes dejando libertad de acción a los más lanzados y centrando nuestra atención en los más torpes o temerosos. Una buena medida para estos últimos es proveerles de medios audiovisuales donde puedan comprobar que el proceso de inserción de una lente de contacto es sencillo (aquí tenéis una práctica guía para poner y quitar lentillas). Y una última advertencia: no debemos empeñarnos en que nuestros pacientes se pongan sus lentes de contacto como a nosotros nos guste. Debemos adaptarnos a las habilidades de los pacientes sacándoles el mejor de los partidos.

La comodidad en el porte de las lentes de contacto es el factor más importante que valoran los pacientes usuarios de lentillas. Y una de las principales tareas que tenemos los contactólogos es proporcionar comodidad en el porte desde el primer día. Por ello es imprescindible elegir la lente de contacto más adecuada a cada paciente, pues con ello nos aseguramos un alto porcentaje de éxito “a la primera”.

Y esa comodidad inicial en los primeros días de aprendizaje se ha demostrado como una de las causas más importantes en el éxito de las adaptaciones a largo plazo. Por tanto, realicemos una correcta anamnesis, averigüemos la lente de contacto apropiada para cada cliente de forma individualizada (volvamos a utilizar el queratómetro, por favor) y preocupémonos durante las pruebas iniciales de las comodidad subjetiva de nuestros pacientes.

Manejar esa comodidad es complicado, pues lo verdaderamente cierto sobre este aspecto de las lentillas es que nos movemos en terreno desconocido. Multitud de estudios han intentado averiguar los factores más influyentes en la comodidad de las lentillas y ninguno ha obtenido resultados concluyentes.
 
Llevar lentes de contacto es lo más natural
Primero se pensó en el grosor de las lentes, pero unos estudios demuestran que las lentes gruesas son menos cómodas que las finas y otros justo lo contrario.

Un factor muy comentado en la práctica clínica es la deshidratación de las lentes tras varias horas de uso. Ello provocaría que los parámetros de la lente se modificaran, ocasionando por ello problemas de comodidad. No obstante, la mayoría de los estudios no encuentran una relación directa entre comodidad y deshidratación.

Otro caballo de batalla fue la oxigenación corneal. Inicialmente se pensó que cuanta mayor oxigenación permitiera una lentilla mayores efectos en la comodidad tendríamos. La idea no estaba falta de razón, pues sabemos que la mayoría de rechazos a las lentillas venían provocados por hipoxias de la córnea, causadas por la conjunción de materiales con escasa transmisibilidad de oxígeno y el abuso continuado de horas por parte de los pacientes. Pero tras realizar lentillas en materiales que transmiten valores cercanos al 100% (es como no llevar nada) no se pudo demostrar que mayores transmisibilidades de oxígenos aumentaran la comodidad.

El estudio del borde de la lente de contacto sí parece estar relacionado con la comodidad, y parece existir una relación entre bordes afilados (en vez de redondeados) y mayor confort de porte. Igualmente, la fricción entre el borde interno del párpado y la lentilla (el conocido como efecto parabrisas) también parece tener una relación directa en la comodidad de porte. No obstante, aún se necesitan más estudios para conocer mejor estos efectos indeseables.

Por último, la presencia de depósitos en la superficie de la lente (proteínas desnaturalizadas y lípidos no polares) está claramente relacionada con la comodidad de porte. Estos depósitos se van acumulando a lo largo de las horas de uso, a causa de la lágrima natural que tenemos todos nosotros. Por ello, una buena limpieza o, mejor aún, el uso de lentillas diarias desechables, pueden minimizar este molesto efecto.

En mi opinión, la comodidad con las lentes de contacto depende de la suma de varios de los factores anteriores, por lo que minimizando al máximo el impacto de cada uno de ellos podremos mantener una comodidad en el porte de las lentes de contacto durante mayor tiempo.

A continuación voy a ofrecer un decálogo para un buen uso de las lentes de contacto. Siguiendo todos los pasos vamos a poder llevar nuestras lentes de contacto, cómodamente, durante toda nuestra vida. Ahora bien, ya os advierto que la responsabilidad recae tanto en los contactólogos como en los usuarios.

1.     Realizar una adaptación adecuada en un centro sanitario.

Probar unas lentes de contacto no es lo mismo que elegir unos zapatos, aunque actualmente muchas ópticas de centro comercial se ubican junto a zapaterías. Es un proceso delicado que requiere la labor de un buen profesional de la visión. Por tanto, elijamos un contactólogo experto y pongámonos en sus manos atendiendo a las pautas y horarios de adaptación.

2.     Limitar el número de horas de uso dependiendo de la comodidad que ofrecen las lentes de contacto.

Hasta hace pocos años, debido a que los hidrogeles tradicionales con los que se fabricaban las lentillas no tenían una correcta transmisibilidad de oxígeno a la córnea, la mayoría contactólogos limitaban el uso de lentillas a 8 horas (1/3 del día). La razón era obvia, permitir al ojo respirar correctamente, al menos, otras 8 horas (el otro tercio lo pasamos durmiendo con los párpados cerrados).

Pero a día de hoy, con los nuevos materiales de hidrogel de silicona (HSi), los usuarios de lentillas pueden, teóricamente, utilizar sus lentillas todas las horas de vigilia sin afectar a la integridad ocular.

No obstante, ya hemos visto que la incomodidad diaria no surge por problemas de oxigenación. En unos casos serán los depósitos, en otros la deshidratación. Y unos ojos serán más resistentes que otros. Por tanto, la máxima que debemos llevar a cabo es la de retirar las lentes, si es posible, antes de que empiecen a molestar. Y, en último caso, en cuanto molesten.

3.     Respetar las pautas de reemplazo establecidas por tu contactólogo en las lentes de contacto desechables.

Al contrario que en el caso anterior, unas lentes de contacto desechables mensuales no podemos utilizarlas más tiempo del indicado esperando a tirarlas cuando nos molesten. Y esto es así porque los depósitos acumulados en la lentilla tras el mes de uso (y que no son eliminados por las soluciones de mantenimiento) son un peligro potencial para nuestros ojos, causa de la mayoría de conjuntivitis y otros problemas asociados al rechazo de lentes de contacto.

4.     No dormir con tus lentes de contacto.

Cuando cerramos nuestros párpados y tenemos una lente de contacto en nuestro interior, la presión que ejercemos sobre la córnea es mucho mayor de la habitual. Si a ello sumamos los movimientos oculares durante el sueño REM y la sequedad que imprimimos a la lentilla por no existir renovación lagrimal el resultado es, por utilizar un símil, frotar nuestra delicada córnea contra un estropajo. Luego, a la hora de quitarnos las lentes, estarán tan pegadas que nos llevaremos, con casi total seguridad, parte del epitelio corneal.

5.     No utilizar las lentes de contacto en ambientes recargados o mientras se sufre algún tipo de alergia.

Es obvio que en ambientes con mucho polvo, humo… el porte resultará más incómodo porque las lentillas se ensuciarán mucho más y los ojos se enrojecerán. En caso de que no exista posibilidad de utilizar otro medio compensatorio debemos tener en cuenta que la limpieza debe ser más esmerada y potente y la vida útil de las lentillas será menor de lo habitual.

6.     No usar tus lentes de contacto habituales durante la práctica de deportes acuáticos.

Las lentes de contacto nunca deben entrar en contacto con ningún tipo de líquido que no sea el específicamente recomendado para su limpieza. Se ha comprobado que nadar con las lentillas puestas, por ejemplo, aumenta en seis veces las posibilidades de sufrir una queratitis por Acanthamoeba.
Por ello, todos los contactólogos van a advertir a sus pacientes sobre la imposibilidad de usar lentillas en situaciones que impliquen la posibilidad de que éstas entren en contacto con el agua (nadar, ducharse…). Ahora bien, los pacientes no suelen hacer caso de tales consejos, pues es en esos momentos donde más partido sacan a sus lentes de contacto.

Por tanto, como solución intermedia, podemos recomendar el uso de lentes desechables diarias para esas situaciones, las cuales serán retiradas del ojo tras la práctica del deporte acuático. Si además llevamos una gafa de natación que nos proteja de una posible entrada de agua al ojo la protección, sin ser total, está bastante asegurada.

7.     Lavarse bien las manos antes de manejar las lentes de contacto.

Las lentillas son unas esponjas que absorben todo tipo de suciedades que podamos tener en nuestras manos. Por ello es indispensable lavarse bien las manos antes de manejarlas. Los jabones neutros sin aceites ni perfumes son los únicos indicados, pues de lo contrario ciertas partículas de estos podrían pasar a las lentillas y provocar irritaciones.

8.     Realizar una buena limpieza diaria de tus lentes de contacto.

Según estudios recientes, sólo un 20% de los usuarios de lentillas las “frotan y aclaran” a diario. El 80% que no hace este tipo de limpieza tiene tres veces más posibilidades de verse afectado por una infección ocular asociada a lentes de contacto.

La limpieza debe realizarse con las soluciones que recomiendan los contactólogos. Y con estos no me refiero a una marca en concreto (aunque también hay excepciones al respecto), sino a un sistema de limpieza determinado, el cual podrá consistir en una solución única, combinada o no con jabones y lágrimas artificiales, o un sistema de peróxido más fuerte para casos específicos.

En ningún caso pueden lavarse las lentes de contacto blandas con solución salina, agua o saliva. En el primer caso no limpiamos absolutamente nada. En los dos siguientes otorgamos a las lentillas un número indeterminado (pero bastante alto) de agentes patógenos y microbianos que nos pueden causar un gran número de problemas oculares. Entre ellos, el más grave, es la queratitis por Acanthamoeba, donde este microorganismo se dedica, desde la lentilla infectada, a comernos, literalmente, la córnea.

9.     Mantener el estuche de las lentillas limpio y renovarlo frecuentemente.

Si no mantenemos nuestro estuche de lentillas limpio nuestras posibilidades de sufrir una queratitis microbiana aumentan hasta cuatro veces.

La manera de mantenerlo en perfecto estado es limpiarlo diariamente, frotando y aclarando, con la solución única que se utiliza para limpiar las lentillas. Luego deberemos dejar que se seque al aire, boca abajo sobre un pañuelo de papel.

10.                       Ante cualquier molestia debemos acudir a nuestro contactólogo.

Muchas personas usuarias de lentes de contacto, en cuanto tienen molestias de incomodidad, asumen que ya no pueden utilizar sus lentes en vez de ir a su contactólogo y consultarle tal novedad. Eso es un error muy común que viene provocado tanto por la desinformación de los pacientes como por la poca tradición existente en España respecto a las revisiones periódicas. En ellas los contactólogos pueden recordar aspectos básicos del mantenimiento de las lentillas y detectar a tiempo posibles problemas a corregir. Igualmente, en revisiones periódicas se pueden conocer más datos del uso habitual de las lentillas y ofrecer soluciones más personalizadas.

La mayoría de los problemas por incomodidad de lentes de contacto se pueden solucionar por medio de lágrimas artificiales, readaptaciones a otros materiales de lentillas o cambios en las soluciones de mantenimiento. Por tanto, siempre debemos consultar nuestros problemas a nuestro contactólogo.


Para saber más:

Morgan P. Optimiising contact lens wear for a Lifetime of use. Optician 2013 245; 6400: 32-37.

6 comentarios:

  1. Muy buenos consejos, hay mucha gente que compra lentillas y no realizan un mantenimiento correcto, y mucho menos tienen en cuenta todos los factores que indicas. Luego indican que no son cómodas o que simplemente no pueden llevar lentillas. Esta información es muy útil a la hora de cambiar la mentalidad y hábitos de mucha gente.

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    1. Hola Mª Pilar, muchas gracias por leer y comentar.

      En efecto, el desconocimiento sobre los productos ópticos por parte de nuestros pacientes es una de las grandes asignaturas pendientes de nuestra profesión. Humildemente, desde este blog, intento ofrecer un poco de información profesional de la manera más amena y cercana posible.

      Un saludo

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  2. Los lentes se pueden usar toda la vida?

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    1. Hola

      Por supuesto que sí. Realizando un porte adecuado y respetando los consejos de tu contactólogo no deberías tener ningún problema.

      Personalmente, tengo clientes que llevan utilizando lentes de contacto durante varias décadas de forma totalmente satisfactoria.

      Un saludo

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  3. Enhorabuena por el artículo, me ha encantado. Soy usuario de lentillas desde hace mas de 15 años y me ha resultado muy interesante este artículo. Me considero un autodidacta en todo lo relacionado con las lentillas (limpieza, colocación, etc.) ya que en su momento no me informaron bien de todo y he tenido que aprender sobre la marcha, pero me hubiera venido muy bien un artículo como el tuyo al principio. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que si hubiera más información los usuarios de lentillas serían muchos más.
    Siempre me ha ido bien con ellas (incluso padeciendo blefatitis) y supongo que será porque he sabido administrarme bien (para mi trabajo utilizo gafas -trabajo 8 horas delante de un ordenador- pero para todo lo demás lentillas) y soy bastante maniático con la higiene.
    Soy un gran defensor de las lentillas ya que nunca he llevado bien las gafas y me siguen dando mucho respeto las operaciones refractivas (no sabemos los efectos secundarios a largo plazo) así que saber que, si sigo unas sencillas pautas, puedo llevarlas toda la vida me tranquiliza mucho.

    Un saludo

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    1. Hola, muchas gracias por comentar.

      Ahora mismo, con la calidad que poseen las lentes de contacto actuales en cuanto a transmisión de oxígeno, la única manera de crear una intolerancia artificial está en un exceso de horas de porte y una mala limpieza (que generan problemas por las proteinas desnaturaliadas de la lágrima).

      Leyendo tus costumbres no deberías preocuparte en exceso por problemas de intolerancia.

      Luego, respecto a la operación, es una elección personal. Se trata, aunque no lo parezca, de una operación estética. Y el mejor resultado que se puede lograr es dejar al paciente con la misma visión que llevando lentes de contacto. Teniendo en cuenta esto, yo tampoco veo la razón para operarme mientras pueda usar lentes de contacto (y gafas) cómodamente.

      Saludos

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