sábado, 20 de septiembre de 2014

Magallanes planeó dar la vuelta al mundo



Cuando pensamos en la primera circunvalación al globo a todos nos viene a la mente el nombre de Magallanes y Elcano, los marineros que dirigieron la expedición. El relato de este viaje fue recogido por  Antonio Pigafetta, autor de la famosa obra titulada Primer viaje en torno del globo.

La memorización sin comprensión de estos datos nos ha llevado a pensar que la expedición de Magallanes tenía por objeto realizar una circunnavegación a nuestro planeta, cuando la realidad era bastante más modesta.

Como complemento al capítulo de Mis Mentiras Favoritas donde se explica pormenorizadamente las aventuras de esta expedición vamos a comentar algunos aspectos interesantes de la obra de Antonio Pigafetta.


Se suele indicar que la expedición de Magallanes, formada por cinco barcos y 234 hombres, partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519. No obstante, la verdadera fecha de salida la debemos retrasar hasta el 20 de septiembre de 1519, pues pasaron un mes y medio anclados en Sanlúcar de Barrameda. La razón fue terminar de aprovisionarse para el viaje y resolver diversas dificultades que surgieron antes de partir. No en vano un portugués estaba al frente de la expedición de la Corona Española.

Y no era una expedición cualquiera. Se trataba de un viaje que pretendía llegar, navegando siempre hacia el oeste, a las Molucas. El territorio asiático estaba controlado comercialmente por Portugal, pues tras el Tratado de Tordesillas eran los lusos los que controlaban la única ruta posible hacia Asia conocida hasta entonces, aquella que bordeaba África.

La expedición de Magallanes pretendía abrir una nueva ruta, por la zona marítima controlada por la Corona Española, que permitiera romper el monopolio portugués. En verdad, no era otra cosa que continuar el proyecto iniciado por Colón y frustrado hasta entonces por haberse encontrado con el continente americano.

Magallanes tenía el convencimiento de poder encontrar una vía que cruzase el nuevo continente y llegara hasta Asia. Luego, una vez realizados los intercambios comerciales y asentada una relación de amistad con los indígenas de aquellas tierras, regresaría por el mismo camino de ida, pues lo contrario sería entrar en aguas portuguesas, algo ilegal por lo que sería arrestado.

El viaje era una auténtica aventura, pues se viajaba a ciegas. No existían mapas muy fiables de la zona caribeña conocida. Y, a partir de Brasil, todo lo que encontraran hacia el sur era desconocido. Pero Magallanes, al igual que Colón antes que él, estaba convencido del éxito de su viaje.

Compartió con el descubridor de América otra situación más: su proyecto fue ofrecido al rey de Portugal inicialmente, quién lo rechazó ante la imposibilidad de poder llevarlo a cabo bajo su bandera. No podía adentrarse en aguas controladas por la Corona Española y tampoco tenía necesidad de financiar una expedición para abrir una ruta a Asia cuando él mismo controlaba la única existente. Carlos V, en cambio, si atendió sus peticiones y financió el viaje gustoso. Como hiciera su abuela Isabel I antes que él, decidió apostar por lo increíble.

Como hemos indicado anteriormente, los pormenores de esta expedición los conocemos gracias al relato que hizo de ellos uno de los marineros participantes, Antonio Pigafetta. Llega el momento de las presentaciones.
 
Conocemos muy pocos datos relativos a Pigafetta y la práctica totalidad provienen de sus propias palabras. Nació en Vicenza, una localidad próxima a Venecia, en el seno de una familia con rango nobiliario. De hecho él se autopresenta como patricio vicentino. Ello lo comprobamos por el escudo de armas situado en el acceso de la casa familiar en Vicenza, cuyo lema era Il n'est rose sans épine. Ignoramos la fecha exacta de su nacimiento, si bien estaría localizada entre los años 1480-1491.

La posición social de su familia favoreció que tuviera acceso a una buena educación en la universidad. Allí estaba al servicio de Francesco Chiericati, a quién acompañó a España en 1518. Dejemos que él mismo nos cuente sus inquietudes de entonces:

"En el año de 1519 me hallaba en España en la corte de Carlos V, Rey de romanos, en compañía de Monseñor Chericato, Protonotario Apostólico entonces y predicador del Papa León X, de santa memoria, quien por sus méritos fue elevado a la dignidad de Obispo y Príncipe de Teramo. Ahora bien, como por los libros que había leído y por las conversaciones que había sostenido con los sabios que frecuentaban la casa de este prelado, sabía que navegando en el Océano se observan cosas admirables, determiné de cerciorarme por mis propios ojos de la verdad de todo lo que se contaba, a fin de poder hacer a los demás la relación de mi viaje, tanto para entretenerlos como para serles útil y crearme, a la vez, un nombre que llegase a la posteridad".

Enterado de la expedición que estaba preparando Magallanes, decidió viajar hasta Sevilla y embarcarse en ella. En su actitud vemos al típico hombre del Renacimiento, una persona buscando la gloria en un momento donde cualquier cosa extraordinaria podía pasar. El mundo se estaba transformando gracias a las hazañas de los grandes descubridores. Y las grandes aventuras estaban en el mar, pues como bien nos indicaba: “navegando en el Océano se observan cosas admirables”.

Aunque se suele considerar la obra de Pigafetta como un diario de viaje, en realidad, muchas de sus anotaciones nos dirigen al género de la crónica: existe una proyección hacia lo religioso que tiende a justificar las conquistas, partes del relato tienen recursos característicos destinados a mantener el interés  en la narración y muchas pistas acercan el texto al género de la epopeya más que al simple relato del viaje. Pero donde vemos lo anterior más claramente plasmado es en la consideración de héroe que Pigafetta otorga a Magallanes. El relato de su muerte, a la manera de las epopeyas caballerescas, no deja lugar a dudas:

"Un isleño logró al fin dar con el extremo de su lanza en la frente del capitán, quien, furioso, le atravesó con la suya, dejándosela en el cuerpo. Quiso entonces sacar su espada, pero le fue imposible a causa de que tenía el brazo derecho gravemente herido. Los indígenas, que lo notaron, se dirigieron todos hacia él, habiéndole uno de ellos acertado un tan gran sablazo en la pierna izquierda que cayó de bruces; en el mismo instante los isleños se abalanzaron sobre él. Así fue cómo pereció nuestro guía, nuestra lumbrera y nuestro sostén. Cuando cayó y se vio rendido por los enemigos, se volvió varias veces hacia nosotros para ver si habíamos podido salvarnos. Como no había ninguno de nosotros que no estuviese herido, y como nos hallábamos todos en la imposibilidad de socorrerle o de vengarle, nos dirigimos en el acto a las chalupas que estaban a punto de partir. Fue así cómo debimos la salvación a nuestro comandante, porque en el instante en que pereció, todos los isleños se dirigieron al sitio en que había caído”

Uno de los aspectos más característicos de las obras de este tipo, que surgieron a la par de los descubrimientos, es la detallada información geográfica y etnográfica que contienen. No es algo extraño, pues en los relatos de aquellos personajes vemos la curiosidad innata de quien está seguro de estar viviendo algo que nadie más ha vivido. De estar tratando con naturalezas y personas que jamás otros vieron antes.

No obstante, no todo lo que encontramos en estos relatos es cierto. La realidad se mezcla con la ficción, y en muchos pasajes vemos reflejados pensamientos predeterminados de aquella sociedad. Si las fábulas aparecen en los diarios de Colón o en la obra de Vespucio, no es ilógico encontrarlas también en la obra que tratamos. Ello demuestra que fue realizada en ese ámbito cultural del siglo XVI.

Por ejemplo, claros ejemplos de fábula los encontramos cuando nos habla de los patagones, cuya descripción nos recuerda a los libros de caballería medievales. O, en sentido inverso, cuando nos describe a los pigmeos de la isla de Arucheto nos viene a la mente una leyenda similar ya escrita por Estrabón. Otros pasajes fabulosos son los relatos del árbol que produce agua en Tenerife, del pájaro negro de la isla de Cebú que se introduce en la boca de las ballenas para arrancarles el corazón o del árbol de Borneo cuyas hojas tienen vida propia.

Pigafetta nos describió detalladamente a todas las poblaciones que fueron encontrando, tanto sus costumbres culturales como su vida material o sus celebraciones religiosas.

Así, respecto a los indígenas brasileños podemos leer: “Sus embarcaciones, que se llaman canoas, las fabrican de un tronco de árbol ahuecado por medio de una piedra cortante, porque las piedras reemplazan al hierro, del que carecen. Estos árboles son tan grandes que en una sola canoa puede contener hasta treinta y aún cuarenta hombres, que bogan con remos semejantes a las palas de nuestros panaderos”.

En la descripción de la etnia visaya, en las islas de Samar-Leyte, la sorpresa de Pigafetta por lo que ve es palpable: “Los habitantes de las islas cercanas de la en que estábamos tenían tan grandes agujeros en las orejas y el extremo de ellas tan alargado, que se podía por ellos meter el brazo”. Respecto a sus costumbres podemos leer lo siguiente:

Estos pueblos son cafres, esto es, gentiles. Van desnudos, no teniendo más que un trozo de corteza de árbol para ocultar las partes naturales, que algunos de los jefes cubren con una banda de tela de algodón bordada en seda en los dos extremos. Son de color aceitunado, y generalmente metidos en carnes. Se tatúan y se engrasan todo el cuerpo con aceite de cocotero y de jengeli, para preservarse, según dicen, del sol y del viento. Tienen los cabellos negros, y tan largos que les pasan de la cintura. Sus armas son machetes, escudos, mazas y lanzas guarnecidas de oro. Usan como instrumento de pesca, los dardos, arpones y redes semejantes a las nuestras. Sus embarcaciones se parecen también a las que utilizamos nosotros”.

Recopiló vocabularios de los pueblos indígenas con los que se fueron encontrando, algo realmente difícil pero muy útil hoy día. Aunque en la expedición viajaba un esclavo de Sumatra, su idioma malayo no sirvió de mucho, pues apenas se hablaba más allá de las Filipinas. Pigafetta compuso, por ejemplo, un vocabulario de 160 palabras en Zubu y otro de 450 en las Molucas. Reproduzco algunas palabras que me han parecido interesantes: ojo (oter en patagón y matta en las Molucas), espejo (chielamin en las Molucas), clavo de especia (Ghianche en las Molucas), canela (cainmana en las Molucas), peine (chipag en brasileño y sussri en las Molucas).

Realizó una interesante compilación de flora y fauna, todas ellas novedosas bajo su punto de vista. Por ejemplo, describió a los tiburones: “Durante los días serenos y de calma, nadaban cerca de nuestra nave grandes peces llamados tiburones. Estos peces poseen varias hiladas de dientes formidables, y si desgraciadamente cae un hombre al mar, lo devoran en el acto. Nosotros cogimos algunos con anzuelos de hierro; pero los más grandes no sirven para comer y los pequeños no valen gran cosa”.

Y fue el primero en describir al pingüino de Magallanes y el lobo marino en el siguiente fragmento:

Costeando siempre esta tierra hacia el polo Antártico, nos detuvimos en dos islas que sólo encontramos pobladas por pengüines y lobos marinos. Los primeros existen en tal abundancia y son tan mansos que en una hora cogimos provisión abundante para las tripulaciones de las cinco naves. Son negros y parece que tienen todo el cuerpo cubierto de plumas pequeñas, y las alas desprovistas de las necesarias para volar, como en efecto no vuelan: se alimentan de pescados y son tan gordos que para desplumarlos nos vimos obligados a quitarles la piel. Su pico se asemeja a un cuerno.
Los lobos marinos son de diferentes colores y más o menos del tamaño de un becerro, a los que se parecen también en la cabeza. Tienen las orejas cortas y redondas y los dientes muy largos; carecen de piernas, y sus patas, que están pegadas al cuerpo, se asemejan bastante a nuestras manos, con uñas pequeñas, aunque son palmípedos, esto es, que tienen los dedos unidos entre sí por una membrana, como las nadaderas de un pato. Si estos animales pudieran correr serían bien temibles porque manifestaron ser muy feroces. Nadan rápidamente y sólo viven de pescado”.

La vida cotidiana a bordo es mostrada en varios pasajes como este:

El lunes santo, 25 de marzo, me encontré en el mayor peligro. Nos hallábamos a punto de partir y yo quería pescar, para lo cual, para colocarme cómodamente, puse el pie sobre una verga humedecida por la lluvia, hube de resbalarme y caí al mar sin que nadie lo notase. Afortunadamente, la cuerda de una vela que pendía sobre el agua estaba cerca, me sujeté a ella y me puse a gritar con tanta fuerza que me oyeron, viniendo con el esquife en mi auxilio: lo que sin duda no debe atribuirse a mi propio mérito, sino a la misericordiosa protección de la muy Santa Virgen”.

Una de las partes más conocidas del relato de Pigafetta es en donde describe las penurias que sufrió la expedición atravesando el Océano Pacífico.

"Miércoles 28 de noviembre, desembocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos en seguida el nombre de Pacífico, y en el cual navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber estaba igualmente podrida y hedionda. Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos de cuero de vaca con que se había forrado la gran verga para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo lo poníamos en seguida sobre las brasas. A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una. Sin embargo, esto no era todo. Nuestra mayor desgracia era vernos atacados de una especie de enfermedad que hacía hincharse las encías hasta el extremo de sobrepasar los dientes en ambas mandíbulas, haciendo que los enfermos no pudiesen tomar ningún alimento. De éstos murieron diecinueve y entre ellos el gigante patagón y un brasilero que conducíamos con nosotros. Además de los muertos, teníamos veinticinco marineros enfermos que sufrían dolores en los brazos, en las piernas y en algunas otras partes del cuerpo, pero que al fin sanaron".

No me gustaría terminar así este artículo, pues esas calamidades fueron superadas por aquellos hombres de esperanza inquebrantable. Terminemos, pues, con algo más agradable. La expedición no sólo logró su objetivo, llegar a las Molucas navegando hacia el oeste, sino que además, sin pretenderlo, lograron circunnavegar por primera vez nuestro planeta. Si lo primero fue algo increíble por lo que pocos apostaban de su éxito, lo segundo fue inaudito. Y por lo que nuestro narrador Pigafetta logró pasar a la posteridad, como pretendía.

Un último apunte; este viaje confirmó lo que hoy nos parece habitual, la existencia de los husos horarios:

“una vez en tierra, preguntaran en qué día estábamos; dijéronle los portugueses que jueves para ellos, y se maravillaron mucho, pues para nuestras cuentas era miércoles sólo y no podían hacerse a la idea de que hubiésemos errado. Yo mismo había escrito cada día sin interrupción, por no haberme faltado la salud. Pero, como después nos fue advertido, no hubo error, sino que habiendo efectuado el viaje todo rumbo a occidente, y regresando al lugar de partida (como hace el sol con exactitud), nos llevaba el sol veinticuatro horas de adelanto”.

Ruta seguida por la expedición realizada por Magallanes y Elcano. Fuente: wikipedia

FUENTES:

·        “Primer viaje alrededor del Globo” A. Pigafetta, 1522 http://convistasalmarblog.wordpress.com/2013/11/15/primer-viaje-alrededor-del-globo-a-pigafetta-1522/
·        Antonio Pigafetta y la redondez del mundo http://blucansendel.blogspot.com.es/2012/11/antonio-pigafetta-y-la-redondez-del.html
·        PIGAFETTA, A.: Primer viaje alrededor del Globo. Barcelona. Ediciones Orbis. 1986  En la red: http://issuu.com/jldelrioluque/docs/antonio_pigafetta_-_primer_viaje_alrededor_del_glo
·        PIGAFETTA, A.: Primer viaje en torno al globo. Madrid. Calpe. 1922. Edición del IV centenario. En la red: http://www.archive.org/stream/primerviajeentor00piga#page/n9/mode/2up
·        PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO – Antonio Pigafetta http://www.hislibris.com/primer-viaje-en-torno-del-globo-antonio-pigafetta/


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