sábado, 6 de septiembre de 2014

La última película sobre Stalingrado no es propaganda política



Hace unas semanas me decidí a ver la última película histórica sobre Stalingrado. Dirigida por el ruso Fyodor Bondarchuk, tuvo muy buena acogida en China y aunque se produjo como una superproducción americana, enfocada al IMAX 3D, en Europa y América no apareció en cines, sino que pasó directamente al formato DVD y similares.

Lo anterior es un aviso sobre la película en sí; o bien no es muy buena como para atraer al público al cine, o bien las distribuidoras europeas no deseaban otorgar la mínima posibilidad de éxito al film (tal vez relacionado con las tensas relaciones políticas con Rusia).

Tras haberla visto debo decir que su no estreno en el cine corresponde a ambos motivos: es una mala película y un descarado producto propagandístico de Rusia destinado a lavar el cerebro a sus acólitos.


La película es un despropósito desde el mismo inicio, el cual se sitúa en el contexto de la tragedia provocada en Fukushima por el tsunami del año 2011. Un sanitario ruso presente en la catástrofe, con el objeto de entretener a unas personas atrapadas en los escombros mientras son rescatados, relata la vida de su madre y “sus cinco padres” durante la batalla de Stalingrado. La idea no es mala, melodramáticamente hablando, pero resulta incongruente en un film propagandístico.

En mi vida pude ver muchas películas de propaganda política. La mayoría de las grandes superproducciones de Hollywood lo fueron. Pero se trataba de películas que reinterpretaban un pasado que no había vivido. En cambio, hoy día, estamos inmersos en un conflicto, cada vez menos soterrado, entre Rusia y la UE-EEUU. Y la película que analizo está enfocada para fomentar un nacionalismo ruso frente a las agresiones externas. Por tanto, la elección del enemigo alemán no es casual, al igual que la batalla de Stalingrado.

Lo anterior es evidente al visionar el argumento de la película. No esperéis encontrar algo parecido al título. El director apenas muestra nada parecido a la gran batalla ocurrida en el frente ruso. Al contrario, decide centrarse en un episodio concreto, la resistencia de un grupo de soldados rusos en el interior de un edificio acosado por los alemanes.

Supuestamente, la película se basa en la resistencia de un pequeño grupo de soldados rusos en la casa Pavlov. Pero ese episodio debemos ponerlo seriamente bajo cuarentena. Según Michael K. Jones la casa era defendida por un centenar de soldados y finalmente fue tomada por los alemanes.

El caso es que se trata de la típica película en donde un pequeño grupo de héroes se enfrenta a unas fuerzas superiores. Su deber es resistir o morir en el intento. Vamos, unas Termópilas actualizadas. Pero, al menos, los espartanos tenían un motivo coherente para sacrificar sus vidas, algo que en el caso de los protagonistas de la película no existe.



El guión de Stalingrado es simple y plano. Los personajes, estereotipos atemporales que podríamos encontrárnoslos en cualquier lugar: el capitán Gromov como arquetipo de mando rudo y profesional, donde no se cuestiona ni las órdenes ni su amor por la patria soviética. El francotirador gracioso y bocazas como contrapunto. El operador de radio callado y sensible. El viejo soldado harto de luchar. El coronel alemán como sanguinario nazi. El capitán alemán Khan atrapado en una lucha en la que ya no quiere seguir.

El problema de crear personajes sin vida, arquetipos ideales del imaginario común, es la necesidad de seguir con ese estilo toda la película. Por ejemplo, resulta incomprensible que el recto capitán ordene asesinar a un compañero que cuestiona las órdenes y luego se compadezca de la muerte de un alemán que recogía agua de la fuente.

Y, por supuesto, resulta muy evidente la diferenciación entre los sanguinarios nazis y los valerosos rusos. Si deseamos hacer una película centrada en las personas y sus dilemas ante una guerra no podemos centrarnos en un solo bando. Mientras que todos los rusos luchan por su patria, con mayor o menor vehemencia, sólo un alemán se plantea dudas existenciales. Y tampoco es una hermanita de la caridad. Todos estos clichés de nosotros los buenos y ellos los malos era pasable en otra época (la de Reagan como presidente de EEUU) pero no ahora.

Luego están las escenas imposibles sólo entendibles bajo el prisma simbólico. En el asalto ruso al inicio de la película los alemanes hacen explotar los depósitos de combustible, pero ni eso frena el avance ruso. Los soldados, envueltos en llamas, no se retuercen del dolor, sino que toman las posiciones alemanas y asaltan sus trincheras. Muy visual, sin duda, pero bastante patético como forma de rescatar el mito de la valentía del soldado ruso. Un mito puesto también en cuarentena actualmente. ¿Acaso ningún ruso se preguntó si tenía sentido luchar? Según la película las dudas solo existen en el bando contrario.

Podría ahondar mucho más en la herida, pero no merece la pena. La recreación de la ciudad, históricamente hablando, es impecable, pero en ese escenario las escenas propuestas son inverosímiles. Se muestra la maldad de los alemanes, asesinando sin motivo aparente a inocentes lugareños que malviven entre los escombros, y al unísono la valentía rusa haciendo un ataque sorpresa absurdo. Las muertes de varios personajes principales y secundarios son, cuanto menos, idiotas. Especialmente, la del coronel alemán no me la quito de la cabeza. Y el disparo del artillero ruso, haciendo rebotar el proyectil en un tanque averiado, no lo repite por muchas matrículas de honor que obtuviera en la universidad.

Algunos han querido ver un trasfondo simbólico en los personajes de las dos mujeres protagonistas. La rusa Katya simbolizaría la madre patria, por la que los rusos lucharan hasta la muerte. La rusa Masha, amante del capitán alemán, la visión alemana de una Rusia de la cual pueden aprovecharse. Podría ser. Pero el patriotismo general que embarga el film hace diluir estos pequeños esbozos de probable lucidez.

Técnica y visualmente, la película no tiene ninguna objeción. Las escenas de lucha tienen una estética cercana a los cómics y resultan entretenidas y emocionantes. Si te gustó 300 te gustará este film. Pero el título de la película hace que no sean suficientes para agradar al espectador. En ningún caso se acerca, por jugar en ligas diferentes, con la película de Stalingrado de 1993 ni con la más reciente de Enemigo a las puertas de 2001.

Como tantas otras películas históricas estrenadas en los últimos años, la exquisitez visual se llevó todo el presupuesto, obviando lo que hace grandes a las películas, sus argumentos. Por tanto, será entretenida para pasar el rato, pero no la recordaréis como una gran película en su género.


FUENTES:


Stalingrado (2013). Críticas. En la red: http://www.filmaffinity.com/es/film308748.html

Stalingrado, 70 años después: las mentiras aún perviven. Artículo El confidencial. 19 julio 2013. En la red: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/02/05/stalingrado-70-anos-despues-las-mentiras-aun-perviven-114231


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