viernes, 13 de junio de 2014

Día 1: Domingo 13 junio 2010 O Cebreiro-Alto do Poio



En el año del señor de 1183, un musulmán nacido en Valencia, Ibn Yubaiyr, realizó el viaje de peregrinación a La Meca (una de las cinco obligaciones que impone el Islam a sus fieles), y decidió escribir un diario de viaje, creando así un género literario llamado Rihla.
827 años después, dos peregrinos cristianos, nacidos en Madrid, Ana Belén y Diego, intentarán hacer algo similar en su viaje de peregrinación a la tumba de Santiago Apóstol. Dios quiera que tengamos Buen Camino.


Decidimos hacer el Camino Francés por ser ésta la ruta más famosa y transitada de todas las que llevan a Santiago. Por supuesto, ya que nuestro tiempo se limitaba a una semana por cuestiones laborales, tuvimos que comenzar bastante adelantados.

Tras estudiar el recorrido varias veces y ser realistas respecto a nuestras condiciones físicas, acordamos comenzar en la etapa número 25 del recorrido oficial, la cual parte del encantador pueblo de O Cebreiro.

Para llegar allí desde Madrid, la manera más cómoda es comprar un billete de autobús en la Estación Sur de Autobuses de Méndez Álvaro con destino a Pedrafita do Cebreiro. En este lugar está el Ayuntamiento al que pertenece la localidad de O Cebreiro y es el punto de enlace más próximo.

Nuestro autobús salió a las 10:30h y nos costó 29,70 por persona. No hicimos ninguna parada hasta “La Bañeza”, a eso de las 14:00h, donde pudimos comer algo. Existe un restaurante, aunque nosotros llevábamos nuestro habitual, ya antológico, bocadillo de tortilla española. Esta es una tradición que hemos mantenido en todos nuestros viajes, pues cuando llegas a tu destino no sabes si encontrarás algo decente para comer. Con nuestro bocata vamos seguros y despreocupados, al menos, para el primer día.

Tras esta breve parada, el autobús continuó su camino, llegando a su destino sobre las 16:30h. Con nosotros se bajaron dos peregrinas más, aunque rápidamente nos dejaron atrás con un ritmo endiabladamente rápido. Nosotros llegamos con otra mentalidad. No teníamos ninguna prisa por comenzar a caminar y deseábamos empaparnos bien del lugar. Todavía nos comportábamos como unos turistas.

O Cebreiro está en lo alto de un monte, por lo que desde Pedrafita do Cebreiro se deben subir unos 4,5 kilómetros por carretera. No es un trayecto duro, aunque a nosotros se nos hizo cuesta arriba (nunca mejor dicho) dada la poca preparación que llevábamos. Nos lo tomamos con calma y admiramos el paisaje, el cual es realmente evocador.

En el trayecto encontré unas gafas de sol del Decathlon. Suelo jactarme de ser buen observador, y en ese momento estaba convencido que pertenecían a las peregrinas del autobús. Apretamos un poco el ritmo y cuando las alcanzamos (ellas se habían parado a admirar el paisaje) se las devolví. Nos dieron las gracias en inglés. Puesto que no hablaban castellano y nosotros en inglés hablamos como Tarzán, la amistad no pasó de ahí. No obstante, ya tuvimos una primera experiencia. El Camino cambia a las personas. En otras circunstancias dudo que hubiera hecho lo mismo.

O Cebreiro es un pueblecito muy pequeño, pero encantador. En nuestra visita turística visitamos la iglesia (Santa María la Real), en donde nos pusieron nuestro primer sello, y las típicas pallozas. Había mucha gente en el lugar, peregrinos más que todo, debido al gran albergue del que dispone el pueblo.
 
Iglesia Santa María la Real de O Cebreiro
Pero nuestro plan no era quedarnos allí a dormir. Algunos amigos que ya habían realizado el Camino nos advirtieron que la primera noche la pasas en vela si realmente no estás cansado. Eso, unido a nuestra intención de visitar el Monasterio de Samos, nos decidió a ponernos a andar una vez que ya habíamos “visitado” este pueblo. Los turistas quedaban atrás y comenzaban los peregrinos.

Según marcaba la señalización estábamos a 1296 metros de altura y a 151 kilómetros de Santiago. Nuestro plan, muy modesto, era caminar hasta la localidad Hospital de la Condesa, a 5,5 Km., donde pasaríamos la noche. No queríamos machacarnos el primer día y ya era algo tarde, aunque en estas fechas suele oscurecer bastante tarde.

En el trayecto atravesamos senderos boscosos y comenzó a formarse una ligera niebla que se fue poco a poco espesando. Era idílico caminar por esos parajes, en plena soledad. Luego caminamos junto a una carretera (LU-633) y vimos una estatua en bronce de un peregrino avanzando contra el viento. ¡Y voto a brios que allí soplaba bastante viento!

A la altura de Hospital de la Condesa las nubes habían bajado y la niebla era importante. Tal vez, por ello, no encontramos el albergue, pues buscándolo salimos de aquél pueblo. Decidimos seguir adelante antes de retroceder, cuan tercios de Flandes, pues en nuestro primer día no queríamos tener un fracaso. ¡Mierda de orgullo! No sabíamos donde nos metíamos. La subida a la parroquia de Padornelo (En Galicia la denominación de los lugares es muy curiosa. Los municipios se llaman concellos, y engloban poblamientos más pequeños llamados parroquias, los cuales a su vez engloban distintas aldeas) es curiosa, pero al menos tiene el premio de una fuente. Para llegar a Alto do Poio sólo hay que recorrer un miserable medio kilómetro, pero ¡que medio kilómetro! Se trata de un camino de cabras con una pendiente súper pronunciada. Por primera vez vemos la duraza del Camino y echamos de menos no traer un bordón. En el mapa vimos que se subía desde los 1283 metros hasta los 1335 metros de altura. Ahora comprendimos lo que esos números significaban.

Llegamos a la cima totalmente exhaustos. Gracias a un cuentakilómetros que llevábamos en marcha desde que bajamos del autobús nos percatamos de que ya habíamos caminado unos 12 Km. Era el momento de parar y gracias a Santiago, en lo alto del lugar encontramos una posada donde pasar la noche. Entre la niebla y que ya estaba oscureciendo seguir hubiera sido un suicidio. Máxime cuando nosotros no llevábamos ninguna linterna.

El lugar era muy sencillo. Tenía un bar en la parte baja y habitaciones en la alta. Por sólo 10 por persona pudimos asearnos en un baño comunitario (a esas horas ya no había nadie) y dormir nosotros dos solos en una pequeña habitación. Estaba bastante cansado pero hasta que no maté a tres arañas que colgaban del techo no pude conciliar el sueño.

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