jueves, 13 de febrero de 2014

Me gustan las películas históricas

El 13 de febrero de 1895 los hermanos Lumiere patentaron el cinematógrafo, rodando su primera película unas semanas después. Fue mostrada en París en una sesión de la Société d`Encouragement à l´Industrie Nacional con el título "La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir" (La salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir). A pesar del gran recorrido que esperaba al cine en el nuevo siglo que se aproximaba, los hermanos Lumiere no encontraron ningún aliciente a su ingenio. Según parece, llegaron a decir que "el cine es una invención sin ningún futuro". No pudieron estar más equivocados. Y creo que es justo dedicarles hoy este artículo.


Existe una parte de la población a la que le gustan todas las películas que recrean nuestro pasado. Los famosos peplum, el cine “de romanos” o cualquier película que trate sobre civilizaciones ya extintas. Es una afición muy lícita, como a las personas que le gustan las películas de comedia o las tan actuales del género zombi. El problema surge cuando damos a esas películas un valor histórico real, como si fuera un atajo a leer un pesado libro de Historia. Por que a nadie se le ocurre pensar en la realidad de disparatadas comedias como “Resacón en las Vegas” o en la famosa película de zombis (para mi gusto infectados) “Guerra Mundial Z”.

Hoy día es un hecho que el cine y las series de televisión son la principal, y casi siempre única, fuente de conocimiento de la Historia por gran parte de la población. Esto es un problema muy serio, pues en los créditos de ellas apenas aparecen historiadores. Suelen ser interpretaciones interesadas del pasado realizadas por directores de cine muy alejados del mundo académico profesional.

El ejemplo más palpable de lo anterior lo tuve tras el estreno de la película de Tarantino “Malditos bastardos”. Muchas personas me preguntaron si Hitler había muerto en el teatro verdaderamente. Simplemente la existencia de la duda hace que la labor del historiador sea aún fundamental en nuestras aulas.

Si quieres saber lo que es en verdad una película histórica, y lo que no lo es de ninguna manera, sigue leyendo un poco más.


La Historia del S.XX no puede entenderse sin el cine. Desde su invención por los hermanos Lumière en 1895, el cine se consolidó tempranamente como uno de los entretenimientos favoritos de la sociedad. Pero muy pronto las películas complementaron su lado lúdico para añadir la transmisión intencionada de ideas políticas. Fue Méliès, el autentico creador del cine como espectáculo de masas, quien ya en 1899 realizó la primera película política sobre el famoso caso Dreyfus.

Desde entonces las películas propagandísticas, más o menos evidentes, han aparecido continuamente en las pantallas de los cines de todo el mundo. Y, en ocasiones, el mensaje fue tan subliminal y continuo que llegamos a creerlo a pies juntillas. Tan sólo preguntar a unos chavales si los indios son los buenos o los malos de la película. Hollywood nos dejó muy claro que los “vaqueros” eran los buenos. Ahora bien, cuando los conquistadores eran otros, como los españoles en el Nuevo Mundo, quienes eran los indígenas inocentes y bienintencionados y los asesinos usurpadores de sus tierras.

El cine nunca fue un medio inocente a la hora de reflejar la realidad histórica. Su misma idiosincrasia, la historia que cuenta debe tener un inicio, desarrollo y final, es decir, debe ser completa en sí misma, marca unas pautas difíciles de encajar con la realidad histórica. Por ello, en el cine vamos a ver numerosos aspectos que horrorizan a los historiadores profesionales. Dejando a un lado el uso habitual de la ficción, los principales errores de las películas históricas vienen dados por el deseo de explicar el pasado de una forma unidireccional, lineal, simple y muy reducida, así como abusar de ciertos planteamientos individuales, elevándolos a verdad general.

Nunca la Historia tuvo una explicación sencilla. Las causas de los acontecimientos son múltiples, complejas y demasiado entremezcladas como para resumirlas en 90 minutos de metraje. Mucho menos si les dedicamos sólo los 10 primeros minutos del film. Ahora bien, en muchas películas históricas la explicación de los hechos resulta asombrosamente sencilla.

De igual forma, Holywood ha logrado crear películas históricas del tipo documental donde se prima la memoria de un protagonista de forma individual, cuando en verdad esa es sólo una de las múltiples versiones que puede tener el hecho en sí. En cierto modo, “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”, de Clint Eastwood,  son mejor ejemplo de lo que debemos hacer ante un acontecimientos histórico que deseamos contar al gran público que películas como “El reino del cielo” de Ridley Scott.

Ahora bien, ¿todas las películas referidas al pasado son históricas? En verdad el público general está muy confundido respecto a este punto y se sorprenderá cuando descubra las verdaderas películas históricas.

Existen muchas clasificaciones que intentan categorizar las películas en relación a la Historia. Yo hoy describiré la clasificación propuesta por Jose María Caparrós Lera, auténtico impulsor en España del estudio del cine como fuente histórica.

Según Caparrós las películas pueden clasificarse en tres grupos diferenciados:

a)      Películas de reconstitución histórica

Son aquellas que toman una parte de nuestro pasado y lo reconstruyen e interpretan desde el presente. Aunque su interés es difundir el pasado, en verdad, su interés reside en el estudio de la sociedad en el que se realizan tales films. Pues el producto final es más una interpretación del pasado según el pensamiento imperante en la época de realización de la película que la muestra del pasado en sí mismo.

Ejemplos de este tipo de películas tenemos muchos en la historia del cine. Uno de los más representativos son las dos películas de Iván el terrible (1943-46) de Eisenstein. En ellas, más que la época de Iván descubrimos la crítica al estalinismo imperante en la época.

b)      Películas de ficción histórica

Estas son las películas que el gran público identifica erróneamente con películas históricas. Son películas donde se evoca un pasado idealizado y novelado. Utilizan el pasado como una mera excusa, como el telón de fondo donde componer una trama de tinte melodramático o épico. Son las que más descontextualizadas respecto al pasado están, pues en vez de acercarnos el pasado real nos ofrece una visión fantástica de éste. Aunque curiosamente, es la visión que le gusta al espectador. Así, la Edad Media se recreará como una fantasía romántica, mientras la edad antigua se recreará con grandes y colosales escenarios dignos de las pirámides. Son evocaciones tópicas del pasado que recrean una imagen falsa pero muy introducida en la mentalidad popular de la sociedad.

Ejemplos de estas películas son todos los “western” habidos y por haber, “Braveheart” de Mel Gibson, “Gladiator” De Ridley Scott o “Alejandro Magno” de Oliver Stone.

Son películas que muestran lo que el público quiere ver: una historia lineal y épica de héroes y villanos en el marco de un contexto histórico que le da tintes de verosimilitud. Muestran valores atemporales defendidos por unos protagonistas que podían vivir indistintamente en la antigua Roma, en la antigua Grecia, en París medieval o en el Egipto de los Faraones.

Ahora bien, sus licencias históricas son realmente sonrojantes. Centrándonos en Braveheart enumeraré algunas de las más importantes:

-          La relación de William Wallace, el protagonista del film, con la princesa Isabel es imposible, por tener esta tan sólo 5 años en realidad.

-          La Batalla del Puente Stirling, una de las principales de la película, no puede ser más ficticia. En realidad, la caballería inglesa perdió la batalla al precipitarse en el ataque, el cual realizaron a través de un estrecho puente por el que sólo podían atravesar dos caballeros juntos. La caballería quedó primero dividida ante la estrategia de los escoceses, que pararon el ataque con flechas y dividieron a la caballería con la suya atacando por un flanco. La carnicería de muchos jinetes ingleses aislados fue considerable. Cuando los ingleses enviaron refuerzos, el puente no soportó la presión y se hundió bajo los pies de la caballería inglesa. En la película nada vemos sobre esta cuestión, la cual no es baladí, pues da nombre a la batalla en sí.

-          Además, la escena de las picas parando la carga de la caballería, aunque atractiva visualmente, tampoco es histórica. En realidad, los escoceses se agruparon en diversos círculos formando grupos de “erizos” que se movían por el campo de batalla aniquilando a una sorprendida caballería. Se denomina estrategia del schiltron y Wallace pudo haberla utilizado en la batalla de Falkirk, pero no creo que la utilizara en la de Stirling, donde logró parar a la caballería inglesa con sus arqueros.

-          Y lo más grave, a mi entender, es la ausencia en la película de Andrew de Moray, el compañero que organiza la rebelión junto a Wallace.


No obstante, podemos aprender mucho de estas películas si nos centramos en aspectos secundarios donde si se cuidan, en parte, detalles históricos. Me refiero a los escenarios o al vestuario de época que se utiliza.

c)      Películas que reflejan su época

Las películas históricas, en sentido estricto, son aquellas que nos muestran de forma clara la época en la que fueron realizadas. Se trata de películas que, en principio, nada tienen que ver con una película histórica. Pueden centrarse en un hecho histórico o en un simple punto de partida cultural, y lo completan bajo un nuevo enfoque. Cuentan historias ficticias en un marco histórico coincidente con la época de creación de la película y es precisamente ese contexto histórico el que representa, de manera indirecta, una fuente histórica válida.

Ejemplos de este tipo de películas son las de Berlanga en los años de la dictadura franquista, las actuales de Almodóvar o las típicas de “cine de barrio”. Alejándonos de la trama ficticia de la película encontraremos unos contextos históricos reales, y sin contaminar, de la época de creación de la película. No se trata de evocaciones del pasado sino de muestras de aquel presente que hoy día es objeto de estudio de los historiadores contemporáneos.

Y, por último, el pensamiento de una época concreta de la historia también lo podemos encontrar en películas de ciencia-ficción. Un ejemplo claro lo tenemos en “La invasión de los ladrones de cuerpos” (1956) de Don Siegel, un claro ejemplo de crítica a la paranoia anticomunista que se vivió en los EEUU durante el episodio de la “caza de brujas”. Su versión moderna, “Invasión” (2007) de Oliver Hirschbiegel, nada tiene que ver, reflejando más bien las películas post 11-S, aunque las posibilidades políticas de la película moderna quedan en nada esta vez.

Por tanto, cuando vayas al cine a ver una película “histórica” tómatela como lo que en realidad es: una ficción que utiliza un marco real como contexto pero que nos cuenta la misma historia de héroes y villanos enfrentándose a los mismos desafíos atemporales. Para que luego digan que sólo a los niños pequeños les gusta ver siempre las mismas películas. A los adultos nos gusta ver lo mismo, aunque nos agrada que nos lo cuenten de distintas maneras: The Show must go on.


Fuentes: 



ALTED VIGIL, Alicia y SÁNCHEZ BELÉN, Juan (2005): Métodos y técnicas de investigación en Historia Moderna e Historia Contemporánea. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces

www.cinehistoria.com

www.educahistoria.com (crítica histórica a la película Braveheart con enlace para poder visionarla online aquí)

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